San Sebastián, día 2: Movida pseudo-política, realismo venezolano y joyas japonesas

Segundo día, tiempazo, movida pseudo-política (bastante montada por los medios, para qué nos vamos a engañar, aunque me sorprende que la gente se escandalice porque El País se invente un titular, cuando no es el primero que se inventa...ni tampoco son los únicos. Si da juego que Bayona le niegue el abrazo al ministro, aunque no haya habido ni abrazo de uno ni negativa del otro, lo escribo en letra grande, siempre hubiera podido pasar o, a lo mejor pasó en la imaginación de alguno y además los periódicos hay que venderlos, no?), pues eso, movida, y ¿de cine?..pues hoy lo que he visto de Sección Oficial flojito y las Perlas muy buenas.
Primero he rescatado Futbolín. Como, después de las terribles críticas que ha cosechado la peli, tenía cero expectativas, me ha gustado más de lo que esperaba. La animación es muy buena y la película tiene ritmo, gracia y unas cuantas ideas argumentales inspiradas. No es Pixar, pero me parece superior a Justin, por ejemplo.
Pelo malo era una de las películas, esta si a concurso, de la Sección Oficial. Tampoco esperaba mucho...y me he quedado igual. Hay cosas que me gustan de la película, sobre todo ese personaje entrañable del niño de pelo rizado que pelea para alisarselo y hacerse una foto vestido de cantante, o su amiga, una niña gordita que sueña con ser miss. Lo que no me convence es que la película apenas avanza y que tan protagonista como el niño es la madre, una mujer con la que es imposible empatizar y que hace cosas rarísimas y poco verosímiles -por ejemplo, prostituirse delante de su hijo de 8 años-. En resumen, típica peli sórdida hispanoamericana de las que, en todo festival que se precie, te toca ver un par de ellas.
Después de tanto realismo sucio y madre pelín desnaturalizada ha sido un consuelo ver Like father, like son, de Kore-eda, una conmovedora reflexión sobre la paternidad a través de dos matrimonios que se enteran que sus hijos de 7 años fueron intercambiados al nacer. Aunque la película es inferior a Kiseki y, como en Kiseki, le sobran algunos minutos, el cineasta japonés vuelve a demostrar su magnífica mano para dirigir niños, su capacidad para narrar y su positivo humanismo.
Y después de una perla japonesa, otra mayor aún: Kaze Tachinu, el legado del maestro Miyazaki, su última película, una auténtica joya, cuidada hasta el último detalle, visualmente magnífica y con una de esas historias que se quedan dentro y crecen. Que la película más emotiva hasta ahora sea una cinta de animación dice mucho de Miyazaki... y poco del resto. Pero de Miyazaki no voy a decir más, que así leeis lo que escribió Laura Montero en el último número de Fila Siete. Su larga crítica no tiene desperdicio.

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