Visto en Málaga: Dioses y perros, buenas interpretaciones y un nefasto final

Después del valium galego cualquier cosa es más llevadera. Sirva esta excusa porque voy a salvar una película que quizás en otro marco nunca la hubiera salvado. Pero esto es Málaga y si el quinto día no hay casi pan que llevarse a la boca pues me vale una torta. Dioses y perros es una historia de gente que sufre mucho, como casi todos los personajes que han deambulado por este Festival, y que trata de salir de la pobreza, del paro, de la discapacidad, de los embargos y del trauma psicológico. El personaje que intepreta -muy bien, por cierto- Hugo Silva, un auténtico impresentable, trata de salir a golpes, el resto, como pueden. El final de la película es patético (si se quedaron sin dinero lo entiendo, si no, no entiendo nada), me sobra acumulación de dramas y desgracias, me torra infinito ese toque cuartelario cutre del principio pero, al menos, hay personajes, hay historia y hay arco de transformación. Que es poco, que es lo básico. Ay, amigo, no te creas...

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