En largo: El Niño

Pocas películas han generado tantas expectativas como El Niño. Hace unos años, el parón que sufrió el rodaje de esta película -que venía avalada por el mismo equipo que la archi-reconocida Celda 211- personificó de alguna manera que el zarpazo de la crisis económica había llegado, y de una manera brutal, a la industria del cine español.

La industria sigue herida (esperemos que no de muerte) pero afortunadamente, y después de mucho sufrimiento, Daniel Monzón ha podido terminar su película: uno de los títulos más esperados del año.

Viene a cuento toda esta digresión porque mi tesis, para ir al grano, es que la larga espera no le ha hecho demasiado bien a una película que es notable pero tenía materia prima para ser sobresaliente. La historia de El Niño es potente. Mucho. Tan potente como es la realidad del Estrecho. Una realidad que -como desgraciadamente vemos- es carne de drama humano, que es de lo que se alimenta cualquier historia que quiere llegar al espectador. Sin ir más lejos, el propio personaje de El Niño copaba titulares hace solo un par de semanas. En una palabra, la historia de narcotraficantes poderosos y camellos de tres al cuarto, de polis honestos y corruptos, de inmigrantes que emprenden una huida hacia delante que puede terminar en la muerte antes que un guión es la vida de muchos.

Es la realidad, y eso imprime fuerza a la película. Igual que la fortalece el reparto, especialmente Luis Tosar y Bárbara Lennie, que no fallan, como siempre. O la magnífica producción, que luce sobre todo en algunas escenas de acción muy conseguidas (por ejemplo, ese espectacular juego del ratón y el gato, donde el gato es un helicóptero y el veloz ratón, una moto acuática)

Y, sin embargo, a pesar de estos mimbres, la película -que repito, es notable- no llega a lucir todo lo que podría, por un problema de guión y de metraje. Las tramas funcionan como el Guadiana, apareciendo y desapareciendo, embrollándose innecesariamente, sin llegar a cruzarse cuando lo esperamos.

En varios momentos, me sorprendí pensando que El Niño hubiera sido una magnífica serie. La historia está escrita a capítulos pero lo que en una serie -en formato 40′- funciona, en una película de más de dos horas, no. Y quizás -reconozco que esto es ya crítica-ficción- este cierto parcheado puede ser consecuencia de un rodaje alargado, accidentado e interrumpido. Un proceso en el que se ha podido perder algo del nervio que necesita esta poderosa historia.  

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