En largo: Interstellar

Es fácil poner peros a Interstellar, por excesiva, por acumulativa, por su metraje desmedido, porque la trama emotiva no está conseguida y, sobre todo, porque alarga y simplifica un epílogo que pedía a gritos más concisión y misterio (el director que dejó a medio planeta interrogándose por una peonza en Origen se empeña en aclarar ahora hasta el más mínimo interrogante de una trama, hasta ese momento, abigarrada y confusa).
Sin embargo, si –en una película de 169 minutos– a los 150 no te importaría nada que se pusieran a explorar otro mundo, quiere decir que algo tiene Nolan cuando lo bendicen. Dicho con otras palabras: Interstellar no es ni mucho menos perfecta pero es un espectáculo enorme, una de esas películas que uno recomienda sin miedo a sus amigos sabiendo que no van a arrepentirse de haberse dejado un dinero en la taquilla.
El creador de la mejor saga de Batman cuenta aquí la historia de un padre que se embarca en una compleja misión espacial en busca de una galaxia donde los seres humanos puedan vivir, pues la Tierra ha quedado inhabitable. A partir de esta sinopsis, que comparte con títulos similares, y de una historia del físico americano Kip Thorne, que primero atrajo a Steven Spielberg, Nolan construye un complejo relato sobre agujeros negros, viajes en el tiempo y realidades en cuarta y quinta dimensión.
¿Origen? Sí, pero a lo grande. Nolan se vuelve loco literalmente recreando naves espaciales, mundos imposibles, galaxias alternativas y espacios paralelos. Todo, acompañado de un uso, también absolutamente grandilocuente, del sonido y del silencio y la banda sonora –estridente también a veces– de Hans Zimmer. Este exceso mete al espectador en los mundos de Nolan, que añade además a este festival de imágenes y sonidos una serie de reflexiones interesantes (no digo profundas; quizás en este ángulo Spielberg lo hubiera hecho mejor) sobre la paternidad y unos apuntes certeros sobre ecología que subrayan la importancia que tiene el hombre como administrador del planeta.
Como remate, y para deleite del espectador que va al cine a pasárselo bien y a disfrutar de una historia, pasea por la pantalla un generoso reparto: desde Matthew McConaughey, convertido ya en actor de peso, hasta Michael Caine, pasando por Anne Hathaway, Jessica Chastain o Matt Damon. Lo dicho: un verdadero espectáculo.
Crítica publicada en Aceprensa

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