En largo: El pasado

Pugnando con Boyhood, esta es, para mí, la mejor película del cine estrenado en España en este 2014. Recupero mi crítica publicada en filasiete
No es fácil definir el pasado. A veces es un recuerdo, otras, un lastre, un peso, un móvil, una palanca, una causa… o la causa. Y casi siempre, pa­ra el ajeno, un misterio. Y el espectador no deja de ser un ajeno. Un ajeno que irrumpe con la mirada en otras vidas que siempre ve en presente. A partir de esta premisa, el iraní Asghar Farhadi, que convenció con la oscarizada Nader y Simin, re­construye en la pantalla la vida de una familia mar­cada por un hecho del pasado y sus consecuencias en el presente.
Lo que sorprende en El pasado es que Farhadi se aleja de la truculencia o sordidez que rodea es­te tipo de argumentos para poner el acento en la sen­cillez de unas vidas corrientes, que podrían ser las nuestras. El pasado puede venir señalado por la catástrofe o la tragedia pero también por la inercia, el desamor y las pequeñas o grandes men­tiras. O simplemente por el azar, que otros lla­man causalidad.
Estamos frente a una de esas películas que se jue­gan la vida en el cuerpo a cuerpo. Farhadi ha escrito unthriller, con sus malos y buenos, asesinos y víctimas, misterios y resolución del caso. Pero es un thrillerque tiene como escenario el al­ma humana. Y ahí los malos son a la vez buenos y los asesinos, víctimas. Y al complicarse, todo se sim­plifica.
Sin que se perciba en ningún momento la batu­ta, Farhadi dirige a unos actores que parece que no volveremos a ver en una pantalla sino en el des­cansillo del portal. Y no por falta de glamour -si hay una actriz glamourosa ésa es Bérénice Bejo- sino por exceso de naturalidad y convicción. En el caso de los niños -esos sí, en la vida y en el cine del iraní, víctimas siempre- esa convicción duele.
Pasé los 130 minutos -muchos- de una película pau­sada y lenta que además vi en francés y subtitulada en inglés sin parpadear, sin atreverme casi a respirar por no acelerar una acción, unos diálogos, un desvelar el misterio, un dolor del alma que per­cibes que necesita su tiempo para revelar­se.
Farhadi ya lo había hecho en Nader y Simin. Aho­ra, sencillamente, ha vuelto a hacerlo.

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