En largo: Mientras seamos jóvenes

Hace dos años –y después de dirigir Margot y la boda y Greenberg– el estadounidense Noah Baumbach presentaba una sencilla y simpática película –Frances Ha– que, en el fondo, contenía mucha de las claves de esta Mientras seamos jóvenes. En este caso, Baumbach, en vez de centrar su atención en una treinteañera que sufre el complejo de Peter Pan, se fija en una atractiva pareja en plena crisis de los cuarenta, que se deslumbra al conocer a un jovencísimo matrimonio que vive aparentemente al margen de convenciones y reglas sociales.
Con un inteligente sentido del humor, unos afilados diálogos y apoyándose en un cuarteto de actores muy solvente, Baumbach retrata una generación que ha ido acumulando cosas –tiene dinero, buena casa, trabajo y vida social– pero se enfrenta a una poderosa sensación de vacío. A veces es porque ha ido retrasando decisiones que llegan tarde y otras veces porque es incapaz de asimilar que la edad despliega posibilidades… e introduce limitaciones en la vida.
Como en el caso de Frances Ha, Baumbach no se limita a hacer un dignóstico, cosa que se agradece porque el cine actual está sobrado de ellos. Además hace evolucionar a sus personajes para dar, si no una solución, al menos ponerles sobre la pista de lo que podría ayudar a resolver la crisis.
Este arco de transformación de los personajes mitiga un poco alguna caída de ritmo, un par de repeticiones y la evidencia de que a la película le sobran 15 minutos. ¿Que la cinta ya es muy corta? Frances Ha también lo era. Quizás es que Baumbach es un director de películas de 80 minutos. Cosa que no es ningún pecado. Kaurismaki también lo es y es un genio.
Crítica publicada en Aceprensa

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