Vista en San Sebastián 2015: El rey de la Habana

Esto no es una crítica, ni probablemente un comentario porque tengo que reconocer que no terminé de ver esta película. Y eso que me gustó bastante Pa Negre, el anterior título de Agustí Villaronga, y que los primeros minutos de El rey de la Habana me parecieron de una belleza apabullante por el modo de rodar y el tratamiento de la luz y del color. 

La película cuenta la historia de un chaval cubano marcado por la tragedia en su infancia y que descubre en su juventud que una forma de sobrevivir y hacer más llevadera su existencia es explotar su fogosa y extrema sexualidad. Con los minutos que ví, entendí lo que quiere contar Villaronga y a dónde quiere llevar al espectador: a las cloacas y vertederos de la existencia humana. Y lo quiere llevar de una manera brutal, a golpe de realismo sucio y una sordidez enfermiza. El protagonista se convierte en pocos minutos en una bestia, en un semental desaforado y desesperado que no parará de darse golpes contra el muro de la pobreza, de la rabia y de la muerte.

Como sabía donde iba a acabar el camino, y no es que estemos precisamente ante una historia moral de esas que te van a hacer mejor persona por contemplarla, decidí practicar el noble ejercicio del atajo y peli-vista. Las ventajas de llevar cierto tiempo en este oficio de la crítica es que te puedes permitir el lujo de hacer el camino que te marca el director...o no. Yo, estoy hablando como crítico no como espectador, si no conozco el camino y no sé donde me va a llevar soy partidaria de recorrerlo. Si conozco el camino -que quizás será arduo- pero tengo dudas de la meta, también prefiero hacerlo. Pero si me sé de memoria el recorrido y puedo apostar una mano y adivinar donde acaba (como de hecho adiviné prácticamente la escena final) si puedo ahorrármelo, me lo ahorro. No es la única película de este festival en la que me ha pasado esto... Aunque luego, a lo mejor, le dan un premio



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