Oscar 2016: Otro ausente, The end of the tour

Hubiera sido una digna candidata al Oscar al mejor guion adaptado. Una película inteligente y diferente. Os dejó la crítica que publiqué en Aceprensa
Hay veces que uno es consciente de que lo que aporta una película vale mucho más que el módico precio de una entrada. No estoy hablando de obras maestras, que en ese caso la afirmación anterior se da por supuesta. Estoy hablando de películas normales pero que destacan por algo: la historia es impactante o tienen una bella fotografía, o unos apabullantes efectos especiales o unos magníficos actores solventes…
En The end of the Tour uno percibe que, sin ser ni de lejos una obra maestra del cine, compensa largamente el precio de la entrada. Porque uno sale del cine siendo más sabio. Así de simple. Y así de complicado. Porque uno puede salir del cine más divertido, más creativo, más documentado e incluso, en el mejor de los casos, más bueno. Pero salir más sabio solo pasa muy de vez en cuando.
Y eso que la película no puede tener una historia más escueta. La entrevista real que David Lipsky, reportero de la revista Rolling Stone, hizo al famoso novelista David Foster Wallace. Una entrevista que, para colmo de desdichas –o de normalidad, todo es según como se mire– nunca se llegó a publicar porque los editores de Rolling Stone no encontraron en ella nada especialmente relevante. En el año 2008, después del suicidio de Wallace, Lipsky recuperó las cintas y publicó la entrevista en un libro: Although Of Course You End Up Becoming Yourself: A Road Trip with David Foster Wallace, que es la base de la película.
De forma casi documental, apoyándose en dos magníficas interpretaciones –lo de Jason Segal es increíble teniendo en cuenta la filmografía del actor– y en un jugosísimo guion, la película va diseccionando la personalidad y la obra de uno de los escritores norteamericanos más carismáticos de los últimos tiempos (ver reseñas de obras suyas).
Foster Wallace habla aquí de la escritura, de la enseñanza, de la sociedad, de las adicciones, de la fama, del amor y del sentido de la vida. Habla con lucidez y desgarro. Con un desgarro a veces muy explícito, existencialista pero sumamente clarividente. La entrevista es de 1996 y podría ser de ayer: Hay momentos en los que Foster Wallace, más que un escritor parece un profeta.
En cualquier caso, la película refleja cómo este escritor-profeta, en medio de sus vaivenes afectivos, su vulnerabilidad y dependencias, e incluso de su anclaje en una cultura popular que no siempre es valiosa, era un ser ávido de amor y un buscador infatigable de la verdad. En el fondo: un sabio. Y en ese sentido, la sorprendente presencia de un texto de san Agustín al final de la película no es una anécdota, es más bien la pista definitiva.

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