En largo: Irrational man

Woody Allen rueda cada año una película y es cier­to que lo hace con el piloto automático puesto: son cin­tas pequeñas –Magia a la luz de la luna, Blue Jasmine, A Roma con amor, Midnight in Paris-, con una sola trama o subtramas mínimas, actores de relumbre y los temas habituales de su filmografía (la muerte, la culpa, el sexo, la soledad y la religión). Es tan abundante la filmografía de Allen que el baremo de calidad de sus cintas se hace respec­to a sus propias películas. Juega su Liga y hay Allen me­nores y mayores y hay películas que lideran y otras mu­chas que se quedan en mitad de la tabla.


Decir que Irrational Man conecta con Match Point es, prácticamente, spoilearla, pero es imposible evitar es­ta referencia porque Irrational Man sería algo así co­mo la hermana frívola de una de las películas más sóli­das de la filmografía de Allen. Le falta a la última cin­ta del cineasta judío la solidez que tenía Match Point y no es, ni de lejos, tan oscura y compleja, pero apa­recen los mismos temas y similares conflictos, en­tre otras cosas, porque las dos películas beben directa y abiertamente del mismo libro. Las dos son una relec­tu­ra de Crimen y castigo, de Dostoyevski.

Irrational Man habla del fin y los medios, de la liber­tad de los actos humanos y su responsabilidad. Habla mu­cho de la moralidad, del bien y del mal y del peligro de que el hombre se convierta a sí mismo en Dios. Es cier­to que se hace en un tono más ligero que en Match Point, pero hay réplicas y líneas de diálogo que dan en diana en algunos de los planteamientos actuales, muy acostumbrados a dejar el debate ideológico temblando de pura insustancialidad.

Hablaba antes de hermana frívola porque el tono que imprime Allen a Irrational Man es de aparente su­perficialidad, pero no estamos ante una película ton­ta, ni ligera. De hecho, es casi una película moral y no deja de ser curioso que sea un cínico como Allen el que apor­te debate moral a una cartelera plagada de pelícu­las que carecen del más mínimo referente éti­co: sin bue­nos ni malos ni mediopensionistas. Pelí­cu­las que no se sabe si acaban bien o mal porque ni si­quiera acaban.

No he hablado de los actores porque hay poco que de­cir de ellos. Emma Stone sigue afianzándose como una de las actrices con más talento de la actualidad y Joaquin Phoenix borda un personaje oscuro y ambiguo, que ya ha interpretado muchas veces y que parece es­tar escrito para él.

Crítica publicada en Fila Siete

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