En largo: Ahora sí, antes no

Uno antes de crítico suele ser periodista. Al menos es mi caso y, quizás por esto, reconozco mi absoluta debilidad por las películas que abordan cuestiones relacionadas con la comunicación y el lenguaje. Es un terreno que, aunque no aborde la actualidad, está directamente relacionado con el periodismo, con el arte de contar historias, con la narrativa y el punto de vista.

Me acerco a Ahora sí, antes no con una película francesa en la cabeza. Una cinta que me gustó muchísimo en su día, Solo te tengo a ti, una historia de amor y terror contada a dos voces. No es exactamente así en la película del coreano Hong Sang-soo. El argumento es sencillísimo: un director de cine independiente pasa un día en una ciudad donde conoce a una bellísima y joven pintora. La película dura dos horas y, pasada la primera, la narración vuelve a su punto inicial y empieza a repetirse con pequeños giros que hacen que la historia sea distinta. Son giros de diálogo porque estamos ante una película cien por cien discursiva, de esas que maravillan a los franceses y espantan a gran parte de los espectadores convencionales. Sang-soo presenta una planificación descuidada, un tempo lento e incluso una falta de articulación en la única subtrama que puede hacer desesperar a más de uno que además “sufre” cómo la película se repite dos veces.

No voy a presumir de snob. Yo también me desesperé a ratos pero me alegré mucho de no haber abandonado (tampoco fue difícil porque la intriga puede al tedio en este caso). Ahora sí, antes no tiene no pocas virtudes cinematográficas -originalidad en el planteamiento, frescura en el rodaje y convicción en las interpretaciones- pero tiene sobre todo una idea feliz. La película muestra cómo el lenguaje es el arma más poderosa para construir y destruir las relaciones personales. O mejor dicho, más que el lenguaje, la verdad; esa adecuación entre la realidad y la palabra que hace que la acción tome un derrotero u otro. En la primera parte, Sang-soo narra una historia de seducción, en la segunda, cuenta un amor imposible. Los hechos son los mismos, cambian las palabras y cambia todo lo demás: los personajes, sus reacciones, el tono y, por supuesto, el final de la película.

En su simplicidad, Ahora sí, antes no contiene una lección universal que no solo sirve para las relaciones personales, sino también para las instituciones y para realidades tan nobles como la política y tan a ras de barro actualmente. Todo se reduce, al fin y al cabo, a la tantas veces heroica decisión de no mentir y apostar por la verdad.

Crítica publicada en Fila Siete

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