Stoker: Sobredosis de estilismo

Un desgraciado accidente deja huérfana a una extraña joven el día que cumple 18 años. En el entierro apa­rece el hermano de la víctima: atractivo, educado y misterioso decide quedarse a vivir en casa de la viu­da y la huérfana, estableciendo con ellas un turbio juego de seducción.

Después de una exitosa carrera que ha hecho que su cine se vea en medio mundo, el coreano Park Chan-Wook rueda para una major americana una oscura película de terror que no renuncia a su peculiar es­tilo ni a sus habituales tramas tortuosas y enfermizas, pero que añade a estos elementos un decidido em­peño de llegar a un público más amplio (cosa que, en términos vulgares, se traduce en dejar la trama ata­da y bien atada).
Desde el primer fotograma, se percibe que Stoker es un producto mimado. Un montaje milimetrado, una puesta en escena cuidada hasta el último detalle, una bellísima fotografía y un -sobre el papel- buen elenco de actores. Chan-Wook echa el resto en con­seguir una atmósfera opresiva e incómoda que ro­dea a los personajes y se traslada de manera inmisericorde al espectador. Si la eficacia de una atmósfera se midiera en puntos, a esta película habría que dar­le un diez.
Y, sin embargo, reconociéndole el mérito y recono­cien­do además que la cinta es muy superior a la mayoría de películas de terror que recuerdo desde hace tiem­po, confieso que no me termina de convencer. En primer lugar, porque me parece un error que Chan-Wook -apoyado en unos flashbacks que rompen demasiadas veces el ritmo y quizás en un fallo de casting- desvela demasiado pronto sus cartas o, lo que es lo mismo, destroza el suspense, lo borra del mapa y, a partir de ese momento, la película es mu­cho más básica y pierde gran parte de su -oscuro- en­canto.
Y en segundo lugar porque me termina molestan­do el excesivo subrayado que realiza Chan-Wook en la película. En demasiados momentos, los recursos es­tilísticos -que los hay a espuertas- más que sugerir, gritan. Parecen esperar el aplauso o la sorpresa del espectador. Su homenaje ante el autor que está de­trás… Con mi aplauso que no cuente porque toda esta pirotecnia subrayada hace que la historia me re­sulte artificiosa y me dificulta entrar en ella. Y más que ver la angustia de los personajes termino pen­sando en las indicaciones que les habrá dado a los actores para que exageren el rictus. O lo que es peor, ante un macabro asesinato, me fijaré en las curiosas manchas rojas que ha dejado en el trigo. Y que nadie me cite a Tarantino. Su estilo pocas veces me ha sacado totalmente de la historia. En Stoker… no he conseguido ni meterme.




Crítica publicada en Fila Siete

Comentarios