Ben-Hur, digna versión de un clásico

Es casi imposible hablar de Ben-Hur sin acudir a Charlton Heston o, dicho con otras palabras, a la magnífica adaptación de William Wyler que ganó 11 estatuillas en 1959 y cuya carrera de cuadrigas forma parte del imaginario colectivo cada vez que se habla de cine de romanos.

Pero antes de la película, que por cierto ha tenido más adaptaciones además de la recién nombrada, hay que hablar de un libro que escribió un antiguo general americano reconvertido en novelista, Lewis Wallace, no muy dado a las cuestiones religiosas después de una agria discusión con un polemista agnóstico. Se cuenta que Wallace no salió muy bien parado de aquella conversación y, para documentarse sobre la historicidad de la figura de Jesucristo, decidió hacer lo que había hecho en otras ocasiones con otros temas: escribir una novela. Así nació Ben-Hur, como una novela ambientada en la época de los primeros cristianos. Wallace tardó 5 años en documentarse y escribir un relato que muy pronto se convirtió en best seller y un poco más tarde en clásico (por cierto, si quieren saber más detalles de la vida de Wallace, les dejo un suculento enlace del portal Religión en libertad http://www.religionenlibertad.com/lew-wallace-era-agnostico-escribio-benhur-para-aprender-sobre-cristianismo-51629.htm).

La novela atrapa porque la figura de Judá Ben-Hur tiene mucha fuerza, porque el resto de los personajes están también escritos con mimo, porque la reconstrucción histórica es muy viva y, sobre todo, porque la historia de amor, amistad, venganza y perdón tiene una gran riqueza. Que en esta historia humana hasta los tuétanos apareciera la figura de Jesucristo de una manera tan central en los acontecimientos, como fugaz en la presencia, era solo un síntoma más de la inteligencia del escritor.

Todo eso estaba en el texto, estaba en la versión de Willer y está en esta cinta de Timur Bekmambetov. Una última versión que parece, por una parte, querer acercar al público joven a la legendaria historia con una actualización que ahora mismo permiten todos los efectos digitales y, por otra parte, si se puede decir así, cargar aún más la mano en la base cristiana de la novela con un final diferente.

Cinematográficamente hablando se entiende que la película no vaya a ser elogiada por la  crítica. Las comparaciones son odiosas… pero necesarias. Habrá quienes echen de menos un reparto con más empaque (exceptuando a Morgan Freeman, no encontramos estrellas de primera línea con el carisma de Heston, aunque sí hay actores de segundo nivel que cumplen correctamente y en ningún caso lastran la película). Habrá quien se defraude por una realización muy corrientita. Y habrá quienes afeen algunas caídas de ritmo, especialmente criticables en una película que apenas supera las dos horas. Pero salvados estos obstáculos, queda una digna y emotiva película que llevará a más de uno a volver a la celebérrima novela.

Crítica publicada en Fila Siete

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